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Guía del Aventurero

Historia de Ranger

Última modificación : 08/09/2026 16:47 (UTC-3)

Despertar


En los tiempos previos a la historia registrada, un árbol sagrado echó raíces y se alzó en el lugar más alto del bosque. Allí, la Diosa Sylvia descendió junto a los espíritus de la naturaleza y le otorgó al árbol el nombre de Kamasylve. A sus pies recibió la energía del sol y de la luna y concibió vida, y la tierra bajo el árbol se conoció como Kamasylvia.

 

La diosa dio a luz a gemelas. La hija que se asemejaba a la luz del sol se llamó Ganelle, y la hija que se asemejaba a la oscuridad de la luna se llamó Vedir. Mientras criaba a sus propias hijas, un día la diosa selló su voluntad en el Kamasylve, el árbol sagrado, y luego regresó a los cielos. Las hijas establecieron una civilización y prosperaron bajo la protección de los espíritus y el árbol sagrado.

 

El poder del árbol Kamasylve era ilimitado. Las descendientes de Sylvia lo aprovecharon al máximo y, entregándose a la abundancia y la opulencia, se volvieron más perezosas día tras día. Hasta que un día, los espíritus oscuros que buscaban el poder del árbol sagrado devastaron Kamasylvia.

 

La guerra fue devastadora. Las hijas de Sylvia, debilitadas por su excesiva dependencia del árbol sagrado, fueron incapaces de protegerse a sí mismas, y la carga de defender la tierra recayó únicamente en el Kamasylve, al menos hasta el momento en que la diosa reapareciera. Y así fue que, con los últimos vestigios del poder del árbol sagrado, los invasores oscuros fueron repelidos. Habiendo consumido toda su energía defendiendo la tierra de la diosa de los espíritus oscuros, el árbol cayó en un largo letargo, pero antes de que el sueño venciera al árbol sagrado, confió sus ramas más antiguas a las Ganelle y a las Vedir

 

Tras un largo estudio, descubrieron que las ramas del Kamasylve podían alterarse para trascender su forma fusionándolas con el poder de los espíritus, y las armas resultantes fueron espadas espirituales que llamaron Espadas de Kamasylve, las cuales luego aprendieron a manejar. Además, recolectaron y compartieron las ramas restantes que aún contenían energía del árbol sagrado con sus congéneres y les enseñaron a utilizarlas. Así es como se establecieron las "Arqueras", un ejército permanente encargado de la protección de Kamasylvia contra cualquier invasión futura.

 

Invasiones posteriores fueron intentadas por intrusos que buscaban utilizar el poder del sagrado Kamasylve para sus propios propósitos malignos. Cada una de ellas terminó en fracaso. Con cada invasión repelida, las Arqueras perfeccionaron su arte, dominando el tiro con arco y sus habilidades con la Espada de Kamasylve, hasta que la seguridad del árbol sagrado estuvo prácticamente garantizada. Sin embargo, las Arqueras no estaban preparadas para su mayor prueba. Esta vendría desde dentro.

 

La disputa entre las Ganelle y las Vedir sobre cómo se debía utilizar la Espada de Kamasylve surgió en esa época. Las Ganelle, hijas del sol, buscaban la armonía y la comunión con los espíritus, mientras que las Vedir, hijas de la luna, buscaban la subyugación y el control de los espíritus. La división ideológica entre ambas condujo a una guerra civil dentro de las Arqueras, y cuando la tierra se empapó con la sangre de las descendientes de Sylvia, el Kamasylve, el árbol sagrado que había dormido durante tanto tiempo, despertó.

 

El árbol sagrado, imbuido con la voluntad de la diosa, quedó consternado por la masacre que había caído sobre sus hijas. Buscando deshacer el daño y poner fin al conflicto, el Kamasylve retiró su poder de todas las ramas que había otorgado y que se habían convertido en armas. El orden se había restablecido, pero a un costo. Como resultado de este suceso, las descendientes se dividieron. Las Ganelle permanecieron en Kamasylvia, protegiendo el templo construido en tierra sagrada, mientras que las Vedir abandonaron su tierra natal y salieron al mundo exterior en busca de una nueva fuente de poder. Las hijas de Sylvia quedarían separadas para siempre a partir de entonces.

 

Con el fin de evitar futuros conflictos entre sus hijas y preparar la defensa de la tierra ante cualquier invasión futura de las hordas oscuras, el Kamasylve decidió compartir su poder únicamente con aquellas descendientes de la diosa que hubieran demostrado ser dignas. Solo a una Arquera que demostrara una extrema fortaleza mental y destreza marcial se le permitiría canalizar el último regalo que la Madre ausente les había legado. El árbol declaró su voluntad a las descendientes y luego cayó en un profundo letargo una vez más.

 

"Solo aquellas que comulguen con los espíritus y se gobiernen a sí mismas heredarán plenamente el poder del Kamasylve."